De El ciclista de Chernóbil :
"Ah, no, si el niño guitarrista ya no está aquí, le dijo Dimitri Ermakov, de la escuela de Teremtsy, a Vasia cuatro meses más tarde. 1.536 Bq/kg eran demasiados becquerelios. Semyon, así se llamaba el pequeño de los Pozhar. Empezó a tener fiebre y no había manera de bajársela. ¿Se acuerda de su cara? Aunque usted ve a tantos niños que si tiene que acordarse de la cara de cada uno va listo.
Pues me acuerdo, fíjese, decía Vasia. Me acuerdo. Y de la canción que le compuso a su pájaro Anatoli. Y de la cara de Nadezhda también se acordaba ahora muy bien, una cara redonda y asustada, y de la de Víktor Kudriaguin, de la aldea de Malínovka.
Ahora me voy acordando de algunos otros nombres, decía Vasia. De Liudmila y sus dibujos, en concreto de uno que se titulaba Adiós a mi amigo-perro. Y también de Antonina, que cantaba en un idioma que decía que se había inventado ella.
Y de la joven Klavdia, de la aldea de Zhúkov Lug, que nació sin piernas, en su lugar unos muñones. Me acuerdo de la cara, pero sobre todo de las manos transparentes de Slava.
Luego desmontaba su espectómetro, lo metía en el maletero del coche y se iba a otro sitio. Y cada trimestre enviaba sus estadísticas al gobierno.
Algunos seguían mal, era el caso de Aleksandr Lasyi, de Polesye, que en noviembre tenía 1.064 Bq/kg y un mes más tarde ya no iba a la escuela.
En cambio, este niño va mucho mejor. Puesto que en la ficha de la primera visita tengo apuntado 173,6 Bq/kg y después de las tomas de pectina da 137,8. Porque te llamas Nikolai Pokusov, ¿verdad?
El niño asintió con la cabeza.
Nikolai Nikolaevich Pokusov. Nacido en 1990. En Nisimkovichi.
Y a ver este otro, de nombre Eugenii Kozhemyakin. Pasa de 79 Bq/kg a 44,3. Tampoco está mal, pero que nada mal.
La enfermera tuvo que sentarse, se llevaba las manos a la cara. Mientras, Vasia lo apuntaba todo para su Informe de monitorización radiológica de los niños de los distritos de Vetka y Chechersk, en la región de Gómel. 2006.
Atención a Aleksandra. Aleksandra Petrovna Chubinets, de Svetilovichi. Pasa de 217,7 Bq/kg a solo 93 becquerelios. Hemos bajado el mal a menos de la mitad.
La enfermera quiso abrazar a Vasia, pero antes le pidió permiso. Estaba llorando. Él no esperaba una cosa así y se vio en un aprieto, pues la enfermera era una mujer de una belleza tan sincera que cohibía. Además, no sabía si estaba bien un abrazo delante de los niños.
Pero al fin consintió. Cómo no iba a estar bien la alegría. Apagó el espectómetro. Dejó los papeles encima de la mesa y abrió los brazos. Mucha, muchísima alegría. Hay que estar contentos. Nikolai Pokusov, Eugenii, Mihail Savenko, Aleksandra Chubinets.
Mírenle, muchachos, decía la enfermera mientras le apuntaba con el bolígrafo, él es la vida.
Ahora me acuerdo: Nesterenko. Vasili Nesterenko da la vida, cantaban aquellas caras. Y todos daban palmas. Y los que podían se ponían de pie. Sonreían. Vasia, viva Vasili, el profesor Nesterenko.
Me acuerdo. Nesterenko es la vida."
"La nueva novela de Javier Sebastián es un relato que emociona, honesto, sutil, que se desborda en infinidad de caminos para la investigación"
Antonio Cardiel. El Heraldo. 14 de abril de 2011